Sopesando riesgos

 

Cuando enfrenta la decisión de tomar ciertos medicamentos y correr el riesgo de efectos  adversos serios, los expertos recomiendan que se informe bien y mantenga conversaciones francas su médico. Hable sobre los beneficios y riesgos asociados al tratamiento en cuestión, basados en su situación particular para tomar una decisión de acuerdo a sus factores específicos y valores personales.

En su próxima consulta, trate de averiguar:

  1. ¿Cuáles son todos los posibles tratamientos disponibles en mi caso?
  2. En general, ¿cuáles son las complicaciones asociadas con todas estas opciones de tratamientos?
  3. ¿Cuál es el efecto secundario más común de este fármaco?        
  4. ¿Es el medicamento la mejor de todas las opciones, considerando incluso terapia física, pérdida de peso o no hacer nada?
  5. ¿Cuál es la probabilidad de que cada efecto se presente?
  6. ¿Tengo un mayor riesgo para alguno de estos efectos?
  7. ¿Por cuánto tiempo deben utilizarse estos medicamentos?
  8. ¿Qué tan importante es para mi salud que tome el fármaco?
  9. ¿En mi caso, los beneficios superan los riesgos?
  10. ¿Cuáles efectos adversos deberán hacerme suspender la medicina inmediatamente?
  11. ¿Ante cuáles efectos adversos deberé llamarle?
  12. ¿Cuáles efectos adversos deberé ignorar, porque se disiparán con el tiempo?
  13. ¿Qué pasaría si no fuese tratado con ninguno de estos fármacos, qué tipo de complicaciones podría enfrentar?

 

Saber esta información de antemano le resultará en menos sorpresas. Si decide usar el fármaco, y experimenta una reacción adversa, puede intentar aliviar o eliminar el efecto con ciertas técnicas o reevaluar su decisión, de nuevo, valorando los beneficios contra los riesgos.

 

Las personas con enfermedades crónicas enfrentan este tipo de opciones constantemente. A las personas con AR, lupus por ejemplo, usualmente se les recetan corticosteroides para controlar la inflamación severa y persistente. Los corticosteroides son antiinflamatorios potentes que detienen la inflamación del tejido dañado, previniendo el daño a las articulaciones, ojos e órganos internos, pero a cambio de fuertes efectos secundarios: pérdida de masa ósea, aumento de peso, cambios del estado de ánimo, y síndrome de Cushing, que puede causar hipertensión, diabetes, encorvamiento, impotencia, y depósitos de grasa en la cara (cara de luna). Así que la decisión no es fácil.

 

Finalmente, la decisión es suya, considerando su nivel de aceptación al riesgo. Ciertas personas son simplemente menos adeptas a correr riesgos que otras. Otras están dispuestas a jugársela un poco más y tomar un medicamento que tiene un mayor potencial de efectos adversos; ellas aceptan cambiar un poco de cantidad de vida por una mejor calidad de vida.

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